viernes, 7 de noviembre de 2014

Esta es una pregunta que todavía sigue en interrogante, pues el 13 de noviembre de 1985,el día de la más grande catástrofe en la historia de Colombia, dejó 25.000 personas sin vida, 4.000 heridos, 3.000 desaparecidos y miles de niños huérfanos; 49 tenían entre 0 y 5 años en el momento de la tragedia; otros 48 tenían entre 6 y 10, y 60 más estaban entre los 11 y los 18 años, habían también 2 jóvenes mayores de 18 años y Sobre los diez faltantes no se registró la edad.

Todos ellos fueron recibidos y registrados en el libro rojo del ICBF de Ibagué en su programa de protección, el cual es su entonces tenía 250 registros y posteriormente el 7 de mayo del 2013, Diego Molano Aponte, en ese entonces director del ICBF anuncio que “hay 157 registros, pero se creara un grupo de investigación integrado por diferentes profesionales, encargado de recopilar archivos y pistas para ubicar a los menores de edad perdidos”.

Y Camilo Domínguez, director de Protección del ICBF, afirmó que “la institución recogerá todos los documentos de la época y trabajará para reconstruir la historia, con las personas que estaban vinculadas al instituto en ese momento”. Pero este grupo solo fue una promesa porque hasta hoy, no se ha creado.

Aunque las cifras de los casos registrados no coinciden con las anunciadas, El ICBF no ha dado explicaciones algunas de esta disminución.

El famoso libro rojo ha reposado durante décadas, prácticamente olvidado bajo reserva legal, pero más que un simple registro de estos niños, su contenido se ha convertido en una obsesión para muchos, que está muy cerca de descubrirse.

Tras la falta respuestas por parte del ICBF, aparece Francisco González con la fundación Armando Armero quien representa a los familiares de los niños perdidos de Armero y el libro blanco, que ya cuenta con 205 registros y contiene nombres, fotografías, datos e historias de estos menores.

Además existen 86 familias que afirman tener evidencias fotográficas, vídeos transmitidos por televisión y testimonios de conocidos, con los cuales prueban que sus hijos salieron con vida de la avalancha, pero nunca volvieron a sus hogares y con las que han intentado que el ICBF investigue si los menores fueron dados en adopción ya que nunca los encontraron en albergues, hospitales y ningún lugar donde reposaban los listados de sobrevivientes.

Según Francisco González, “lo que ocurrió después de la tragedia de Armero con los menores sobrevivientes fue una “feria de los niños”, por la forma cómo la situación de desprotección de muchos pequeños sirvió para que a algunos fueran adoptados, y llevados fuera del país o quedaran en manos de familias en Colombia”. No pocos niños de Armero fueron adoptados por conductos regulares e irregulares.

Muchos de estos niños hoy viven en países como Israel, Bélgica, Canadá, Francia, Estados Unidos, Holanda, Suecia, España y Colombia, Por esto, la Fundación Armando Armero, se ha dado a la tarea de documentar casos de personas que hoy buscan desesperados a sus familias biológicas.

Marcos Duarte, un sobreviviente, afirma que “tras la avalancha vi camiones cargados de niños que se estacionaban en la vía a Cambao, a 40 kilómetros de Armero. Allí se repartían los infantes, y los adultos interesados en tener hijos sin papeleos ni demoras, escogían al que les parecía más bonito”. 

“Se investiga cómo daban a esos niños en adopción porque no existía un protocolo, hay que hacer memoria histórica, porque acá hay ley de víctimas y un centro de memoria histórica para conflicto, pero no de desastres naturales”, concluyó Francisco González.

Se espera que la información que ha recopilado la Fundación Armando Armero y aportada por los familiares de los niños víctimas, sea el primer pasó para que el Estado, mediante el ICBF, se unan a la construcción de memoria histórica de Armero, porque hasta ahora es la Fundación Armando Armero la que ha registrado todas estas historias con recursos propios.

Solo con la ayuda del Instituto de Genética Yunis Turbay y Cía, que brinda desde hace un año, las pruebas de ADN de manera gratuita, para establecer  vínculos entre las personas que buscan familiares desaparecidos tras la avalancha de Armero. “la normativa del país ni una entidad del país se hacían cargo de eso”, afirmó Juan José Yunis, subdirector del instituto. Hasta el momento solo se ha obtenido tres cotejos positivos y el instituto está desarrollando una base de datos para contribuir a la búsqueda de las familias.

Casi 29 años después, viven más de 20 mujeres esperando el regreso de sus hijos, buscándolos por medio de emisoras, la fundación Armando Armero y  otras desesperadas, recurren a la brujería; enloqueciendo hasta suicidarse.

Actualmente el volcán Nevado del Ruiz está otra vez despierto, y la fundación Armando armero está marcando a los niños de 0 a 8 años con manillas, por precaución y si llega a suceder una nueva catástrofe no se pierdan. Las manillas cuentan con la información del nombre del menor, grupo sanguíneo, nombre del acudiente, teléfono y correo de la fundación. Hasta el momento se han marcado más de 1.000 niños de Armero-Guayabal y las veredas cercanas. 

La razón de las desapariciones de los menores víctimas de la tragedia de armero aun es un misterio y un drama que no concluye.